Beate Künzel, nacida en Alemania en 1939 e hija de un soldado de las fuerzas armadas del ejército nazi, conoció a Serge Klarsferld en un subte parisino a los 21 años, e inmediatamente se unieron conformando una pareja guiada no sólo por el amor sino también por la búsqueda de justicia.
Serge, nacido en Rumania en 1935 en una familia judía que a comienzos de la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Francia, cargaba sobre sus espaldas el secuestro de su padre en Niza durante la ocupación nazi y la posterior muerte en Auschwitz.
Beate y Serge trascendieron como los “cazadores de nazis”, que buscaron a través de escraches impedir que los responsables de crímenes de guerra que habían actuado en la Francia ocupada por el ejército alemán accedieran y se mantuvieran en cargos de alta responsabilidad en Alemania.
Apoyados por sobrevivientes de los campos de exterminio e hijos de víctimas del Holocausto, la pareja logró que se juzgue y condene en Alemania en 1979 a Kurt Lischka, Ernst Heinrichsohn y Herbert Hagen, responsables de la deportación de miles de judíos en Francia.
De visita en Buenos Aires, Beate Klarsfeld y su hijo Arno, que abraza la causa de sus padres, dialogaron con Télam a raíz del libro “Memorias”, de más de 700 páginas editado por Libros del Zorzal y Edhasa.
Durante la entrevista, Beate destacó: “en los 60 aún había una ley en Alemania que impedía los juicios, los archivos eran accesibles pero los fiscales no actuaban, los nazis estaban en el Parlamento y era muy difícil desactivar eso, porque la sociedad política alemana no quería los juicios y la Justicia no era independiente”.
Al hablar del presente y del mensaje que quiere dejar para el futuro dijo: “tengo 80 años y Serge, 84; somos una generación que vivió las atrocidades de la guerra, hoy hay otro tipo de crisis como la extrema derecha que se desarrolla en Europa, por eso les digo a los jóvenes que hoy lo tienen todo que no deben esperar a que ocurran las desgracias, sino que deben adelantarse a ellas”.